Entrevista


Atravesé la espesa y tibia neblina nocturna. No había ni un alma en las calles, solo un par de gatos observaban calmos mi presencia. El reloj de la catedral dio las doce en punto y sus campanadas resonaban en mi interior con la pesadumbre de la soledad. Llegué a la esquina en que habíamos quedado con mi colega y entré al bar. Sentado muy al fondo, en una mesa con poca iluminación, estaba él. Me senté y le hable disimuladamente cerca, sin entrar en un contacto visual directo.
-¿Hace mucho que no lo ve a Hyde?
-Un par de meses, Jekyll está más tranquilo.
-Pero, siguen las sospechas de que aún puede deambular por las calles de Londres.
-Pero Jekyll ya no lo traerá de vuelta. Ha retomado sus amistades, sus viejas costumbres, sus estudios. Creo que ya nunca volveremos a saber de Edward Hyde.
-Eso espero.
Luego, comenzamos a reír y nos saludamos afectuosamente. Era increíble la forma en que Robert se introducía en la piel de sus personajes, en el corazón de sus historias.
-¿Has escrito algo nuevo?
-No, por ahora, pero pienso retomar los policiales durante las vacaciones de verano.
-¿Y como estás en el amor?
-Soy un hombre solitario. Prefiero las relaciones pasionales son compromisos de vez en cuando. Algún día, igualmente, se que llegara mi momento, a todos nos pasa.
Saqué de mi bolsillo una bolsa de tabaco. Armamos unos cigarros, hablamos sobre los escritores de moda y nos bebimos cada unos un porrón de cerveza antes de partir.

2005, una entrevista imaginaria a Robert Stevenson, autor de "El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde".

Juego de juguetes

Caían sobre la mesa, rebotaban contra el suelo y daban varios giros en el aire. El conejo se oculto dentro de la galera, asomándose expectante. La escavadora devolvió los dados a la mesa con su inmensa pala. El árbitro del juego levantó su brazo mecánico y dijo:
-Va de nuevo.
Nervioso y rígido, volví a tirar los dados. Una vez que dejaron de danzar, los números de las dos caras superiores fueron:
-Seis y cinco, once. Ganador, ¡el soldadito de plomo!
Entonces el corredor de autos dio un fuerte golpe sobre su coche y me cedió unas tres vueltas en él.
Me sentía “campeón mundial”, así como un niño.

Inspirado en el exelente trabajo de un grabador, invitado en aquel entonces al taller de literatura.

A mi corsel


Mi caballito de hierro, te perdí. Te apartaron para siempre de mi lado. Hoy en mi salón entro pateando las sillas y me siento con toda la bronca y lágrimas en los ojos, a recordar. ¡Cómo vibrábamos bruscamente sobre el empedrado de las calles viejas de nuestra ciudad! Aquella que recorrimos juntas sobre tus delgadas ruedas semi de carrera. El verano pasado (hace ya cuatro años, en relación al tiempo en que escribí el texto) yo sentada en tu parrillita cantando en una noche de calor y Anita al volante, siguiéndome con la letra. Ella te manejaba bien, ¿no? Sabía como llevarme en vos y se aguantaba los caminos más largos… pero claro, como no iba a lograrlo con tus seis cambios y lo liviana que eras. Así todo era más fácil y las distancias, siempre se volvían mas cortas.

Igualdad

La igualdad: es interior en cuanto al respeto, respetar y respetarse y aceptar a todos por igual, tal cual son. Si existe la igualdad, porque discriminarla con diferenciación de sexo obligando a las mujeres a cubrir su cuerpo (con el que deben sentirse seguras y quererse el resto de su vida) con un harapo que además de llevar un presupuesto, requiere cierta responsabilidad para llevar a cabo la formalidad.
Lo único que expone esta causa es la existencia de un cuerpo superior y de otro débil hacia la atracción por este, además de la exageración por parte de los directivos en forma de alusión a un pensamiento anticuado que trasciende de forma incondicional a través de los años y los cambios de la sociedad. Se detienen, no mutan junto a las personas, perjudicándonos a nosotras.

Corría el año 2006 y yo estaba cursando mi segundo año del polimodal en un colegio público de la ciudad de La Plata, conocido como “La Legión”. Escribí mi opinión acerca del uso obligatorio del guardapolvo sólo para las mujeres, mientras todos discutían en excurso, porque decidimos acabar con esa normativa.

En voz de Frida


“Quisiera que hagas de mi un fresco gigantesco. Un portal hacia tu amor en el corazón de nuestro México. No me pintes destrozada, quiero que mi gente me vea entera en color. Quizás con una larga falda que cubra los remiendos de mi pierna. Quiero que vean en mi la revolución, nunca la degradación del pueblo mexicano”.

En voz de Frida Kahlo, a Diego Rivera

Microcuento


Con el pánico impregnado en el cuerpo y un sudor frío la punta de mis dedos y la palma de mis manos, levanté el tubo del teléfono. Una atmósfera de intriga y desesperación se percibía fácilmente en mi casa y me siento infinitamente culpable de ser “yo” la raíz de todo ese miedo y preocupación general. Me siento enteramente culpable de ser yo, ¡yo! Antonio Gómez, el imbécil que dejó que se llevaran a mi hermana.

13 de abril del 2004

Avión de papel


Estiré la servilleta sobre la mesa, su textura se asemejaba a la piel de una naranja. El papel tendría una vida corta, pero sería entera y únicamente dedicada a rescatarme de las profundidades del abandono de mi círculo familiar. De aquellos a los que he protegido y amado tanto, los que me han olvidado.
Hoy me encuentro decidida. Con las manos sobre la mesa haciendo uno, dos, tres y siete pliegues para formar un avión de papel y volar fuera de estas paredes, sobre estos techos y lejos de esta soledad.
La brisa acaricia mi cuerpo, las nubes me retienen en el aire. Estoy flotando.

¿Qué es dudar?

Estar al borde, a un paso, del vacío. Sobre una cuerda floja, esquivando misiles que se precipitan a embestirnos con sus volúmenes en cursiva e imprenta; antecedidos y seguidos, siempre, por aquellos garabatos que simbolizan su inmensa finalidad. Una tras otra, las preguntas luchan por arrojarnos de un lado u otro de la cuerda, hacia una dirección u otra hasta que la más acertada e inteligente de todas logra desvanecernos a la certeza de una sola y firme respuesta.

Fiel a tu reflejo

-Vivimos en una época difícil. Yo, como otras pocas mujeres, debemos estar eternamente agradecidas de que nuestros hombres hayan regresado sanos y salvos a casa de la espeluznante guerra. En realidad, tan sanos como se pudo. Mi marido no deja de despertarse por las madrugadas de un salto de la cama, gritando por la habitación completamente convencido de que nos bombardean los japoneses. Ha intentado suicidarse mas de una vez y ya no puedo escucharlo llorar cada mañana, cuando se dispone a tomar lo poco que puedo ofrecerle para el desayuno (y es que estamos en tiempos difíciles y difícil le es también a él conseguir trabajo teniendo una pierna menos).
Don Carlo, su viejo amigo y dueño del bar que está a 5 calles, le permite beber fiado todos los sábados. Lo que no le facilita es saber cuando debe dejar de tomar. Todos los domingos lo encuentro desplomado sobre los escalones y el umbral de la puerta; emanando un fuerte y concentrado hedor a vermut. Siempre repite la misma frase:
“Ma, ¿porqué no me llevaste a la cama anoche?”
Nunca entendí porqué lo hacía, tiempo después lo supe.
Me engañó una y otra vez, cada sábado por la noche. De tan borracho, el muy insolente me confundía con otra en la piecita del fondo del bar, bien detrás del mostrador.
-Y dígame usted, señora, ¿está segura de que su marido no utilizó ese cuento para que usted lo perdonara?
-¿Cómo señor? ¿A qué se refiere?
-Digo usted, con todo respeto, es una mujer de rasgos muy bien delimitados. Su figura esbelta parece tallada por la mano de un artista y sus particulares ojos azules profundos y calmos… son verdaderamente inconfundibles.
-Bueno pues… (la señora, muy avergonzada, toma su bolso y se prepara para retirarse de la casa) podría ser, pero… ¡que inoportuno comentario! Buenas tardes señor-y se retira dando un golpe sutil pero ligero a la puerta.
Caminando por las calles del pueblo, repletas de negocios abiertos, de personas circundando, se detuvo junto a un cajón de naranjas. Atónita, la señora se esconde detrás de el observando (mas adelante) a una señorita a medio desmantelar con el cabello enmarañado (como si hiciese poco tiempo atrás se hubiera revolcado en algún sitio) y sus curvas bien definidas y, vulgarmente, resaltadas. Salvo por su vestimenta, la mujer se sintió como frente a un espejo y junto a el, rengueaba su marido.

Algodón y azúcar

Él parece de algodón y azúcar,
Pero en el centro es una roca despiadada.
Él puede llenarte de amor,
Pero sus huecos insaciables
No te permitirán domianrlo jamás.
Y aunque él se crea dominado
Nunca hará todo lo posible:
Siempre estará primero para si.

Puede volverte loco,
Oh si!, puede hacerte enloquecer.
Siempre se plantea la intención,
Nunca como lleva a cabo la acción.

Es dulce como el azúcar, pero traiciona sin más.
Es a veces agrio, conmovedor y egoísta,
Pero lo último solo al tiempo lo sabrás.
Todo aprisionado en un cuerpo que ya no aguanta
Y quiere salir haciendo añicos la pared
Aquella de sueños inalcanzables
Confeccionada con promesas
Que en su juego,
No pueden vencer.

Puede volverte loco,
Oh si!, puede hacerte enloquecer.
Siempre se plantea la intención,
Nunca como lleva a cabo la acción.

Alguien le dijo una vez: "no juegues con fuego"
No era él quien debía saberlo,
Sino todo el resto.
Soy un fuego que quema,
Soy un fuego que arde,
Soy un fuego que duele.
No te acerques a mi,
No se acerquen a mi.

Eviten la tontería de creer que son mis amigos,
Porque nadie puede serlo.
Eviten la desgarradora historia de creer
Que secasarían conmigo,
Porque nadie puede hacerlo.
Voy y vengo sin pensar,
Ya solo me importa mi realidad.
Nunca te detengas a contemplar,
O mi fuego eterno te quemará.

Puede volverte loco,
Oh si!, puede hacerte enloquecer.
Siempre se plantea la intención,
Nunca como lleva a cabo la acción.

Como las telarañas
Suelo atrapar
Pero cansada de tantos "adiós",
Me resigné a dejar en libertad.
Toda mosca tendrá sus 24 horas,
Y yo esperaré una eternidad.
Hay cosas que es mejor no cambiar,
Que ya no pueden mejorar.
Tristemente queda alejarse,
Nada más.

No te acerques a mi,
No se acerquen a mi.
Mi corazón parece de algodón y de azúcar,
Pero no es asi

Algodón y azúcar

Él parece de algodón y azúcar, Pero en el centro es una roca despiadada. Él puede llenarte de amor, Pero sus huecos insaciables No te p...