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Mostrando entradas de junio, 2009

Un angel y un espartano

En medio del caos, hubo una vez un angel que cayo del cielo. Con sus inmensas alas, cuerpo esbelto pero esplendidamente definido, ojos cafes sensibles y cabello al mismo tono, comenzó a caminar por las arenas repletas de sangrientos hombres que peleaban por placer; matandose unos a otros, exprimiendo hasta la ultima gota de piedad en los rostros ajenos... Llevaba consigo un farol muy especial. Solo aquellos gladiadores que tuvieran un corazon noble pero enegrecido, podrían ver la divina luz que irradiaba. Algunos intentaron lastimarla, no daban cuenta de su amor. Entonces, un hombre que se encontraba lejos del plano de accion surgió destrozando obstaculos de carne y hueso, apenandose por ella, y se enfrento a aquellos q buscaban herirla despiadadamente. De algun modo, este hombre, habia visto la luz...
-Dime tu nombre, generoso guerrero
-Soy el Espartano, mi dama
-Pues de ahora en mas, Espartano, me acompañaras en mi viaje y juntos emprenderemos el desafio de cambiar este mundo tan bélic…

Loca un poco

Y un día como cualquier otro de esta tan poco apaciguable rutina, se originó una fuga cósmica en el universo, mas precisamente, 5000 neuronas a la izquierda de mi cabeza, absorbiendo toda herramienta mental por un anestecioso tubo híper inflamado de olor a dentista, de escollos de algodón, y siluetas extraordinarias. Y tan racionales como podían creerlo, siguieron trabajando de un modo distinto, acorde al nuevo mundo en el que se encontraban. Nunca se quejaron, nunca se preguntaron porque las cosas habían tomado un rumbo tan distinto. Solo sabían que el cambio les posibilitó trabajar en paz, sin miles de recuerdos y palabras peligrosas acechando, sin nombres, preocupaciones, horarios que cumplir, rostros ni nada que los hiciera enfurecer, llorar o simplemente, trabajar el doble, maquinando ideas a mil por segundo.
Ya no existía Jorge, ni sus amantes, ni Mateo, ni el jefe de la oficina, ni la madre de corazón de piedra que se había exiliado hacia tantos años, ni el padre borracho. Nad…

Autorretrato

Debo admitir que he modificado mi confesión a raíz de temer que el amor sea efímero. Todo lo que aquí narro es casi totalmente maleable al tiempo.
Mi nombre es irrelevante. Nací en la ciudad de La Plata (Buenos Aires, Argentina) en el año 1989 durante una fecha que en el calendario figura con rojo: 2 de Abril, día de las Malvinas.
Tengo 20 años. Soy ariana, signo de fuego, con lo que me siento identificada. Soy bastante impulsiva y suelo sentir tan fuerte que con frecuencia ardo entre lagrimas. Brillo por mi indiferencia: mientras algunos intentan persuadir y llamar la atención de quienes pueden abrirle puertas a la fama, yo me limito a provocar con una mirada fuerte, segura. Con un aire superado de alguien no cree estar alto pero que sin embargo, no se rebaja a la mediocridad del grueso de la sociedad. Rozando un lado sensual con una pizca de intelectualidad y una incierta belleza, existo.
Sensible por demás, comencé a escribir a eso de los 12 años en cuadernos con ositos y otros deco…

Textos a partir de las piunturas de Camila

Un grito ahogado en la noche y es la oscuridad cómplice de mi dolor. Destruyo mi cuerpo a los ojos de nadie y la soledad oprime mi corazón hasta hacer brotar de él una espuma refrigerante. Ya no siento más que frío, ya mi consciencia fue aplastada. Como una vagabunda salgo a las calles reflejando el horror y la humillación que me han provocado. A quien se haya apoderado de mi alma le aconsejo que no la guarde demasiado tiempo entre sus labios o el veneno que produce llegará hasta su estomago para hacerlo retorcer de arrepentimiento. Ambas buscaremos venganza y no callaremos hasta encontrarla.
Ocaso de este mundo, se que existes y que no puedes mirarme. El fuego marco mi cuerpo luego de que tus labios se pasearon en él, nuestra hora se acabo. Quisiera que vuelvas a acariciarme, que abandones a tu mujer para encerrarte conmigo y que ya no me temas. Mi cabello emblanquecido es solo un testimonio del tiempo que llevo aguardando. Como en aquel cuarto de sombras y una tenue luz roja, donde por última vez me deleite con tu presencia, siento que por más lejos que estés, nunca podrás desenterrarme de ti. Espero, te espero, y te sigo esperando….
Ciega, enmudecida, desnuda ¿hacia quién? Se ve ella misma hacia el espejo pero sin ver. Desprolija pero sin ataduras, se alza sola en un abismo. Todo da vueltas hasta perderse, extinguirse, y solo ella persiste. La locura se desprende de sus cabellos fuertes y desalineados por la pobreza de sus aspiraciones y sueños
Mujer de época, urbana, de rasgos bien definidos (boca, ojos). Corre hacia las carteleras, no quiere perderse ni una sola historia de amor. Sus sueños se internalizan en las pantallas, sus ojos brillan ante todas esas mujeres que siempre quiso ser. ¿Quizás algún hombre que la rescate del peligro?, ¿tal vez un príncipe que anhele su corazón? Por ahora solo nos intriga la presencia de éste hombre, cuales serán sus intenciones. Puede que haya saltado de las tramas de Hitchcock para clavarle un puñal a sus espaldas, o de las fantasías de Spielberg, para llevarla a otro planeta o tal vez, solo tal vez, venga desde Marruecos, de una ciudad llamada “Casablanca” para tomarla entre sus brazos y cuando se de la vuelta, besarla de la manera mas apasionada, como si los nazis fueran a llevársela, como si corriera el riesgo de nunca más volverla a ver.
Nací de otoños lluviosos y de sueños que no querían perder a su dueño. Me agrada perderme por las tardes anaranjadas que parecen a punto de entrar en un descanso eterno y volar en dirección del viento. Veo parejas de ancianos tomados de la mano y me recuerdan a mi primer amor, aquel que parecía; nunca acabaría. Y será por culpa de los árboles que, desnudos de sus hojas, no me dan lugar a esconderme, que ella siempre me encuentra luego de hacerla correr un poco. En realidad, siempre vuelvo a sus manos pronto antes de que deje de sonreír. Si hay algo que no me gusta es verla llorar, ya bastante el cielo me ahoga con penas que, alguna vez, miles de jóvenes le confesaron al mar.