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Mostrando entradas de 2010

Segunda lectura

A veces los malos momentos nos permiten desmantelar realmente a una persona
La vemos entera, pura, en bruto.
Tal cual es,
Sin encantamientos ni disfraces...
Pero otras veces, las personas se nos presentan
Se nos imponen
Se nos revelan
Y nos invaden
Como también, realmente son,
En el casi inmediato momento después del mal momento,
Cuando intentan remediarlo.
Al despejar su bronca, su dolor a un segundo plano,
Nos muestran lo capaces que son por nosotros,
Lo humanos,
Lo sensibles,
Lo reales que son.

No son buenas las primeras impresiones
Ni las que se obtienen en momentos limites:
No siempre.

Una segunda mirada, una segunda lectura, otra oportunidad
Apreciar desde otra perspectiva lo que nos estan mostrando
Y como cambia, como se transforma, su contenido...
A veces hay que amar sobre todo
Sin abrir tanto los ojos.

La personaa la que le cuesta pedir perdón y lo hace
Tiene mayor peso que la que lo pide por costumbre.
En el momento de hacerlo.
La persona que puede amar a pesar de todo…

La palabra que no existe

Oigo una palabra que no existe.
Sale de unos labios
Que sueltan la voz mas dulce de este mundo,
Pero ellos tampoco existen.
Oigo una palabra,
Alguien que me llama desde otra habitación
Mientras estoy lavando los platos
O preparando la comida,
Solo para mi
Y juro,
Por cada día que se desnuda
Para convertirse en noche
Bajo la oscuridad,
Que, en soledad,
Mi imaginación es tan fuerte
Que parece querer asesinarme.

Yo no puedo escuchar
Porque mi sentido de la audición
Lo perdí junto a los otros
Y los pedazos de mi alma.
Todos abandonaron mi cuerpo
Y su ausencia se percibe
Tan intensamente
En presencia de nadie más
Que los restos de mi.

Yo no puedo escuchar,
No puedo ver,
No puedo acariciar,
No puedo oler el perfume de los cabellos
Ni degustar las lagrimas
De quien porta la voz mas dulce del mundo.

Imagino esa palabra que no existe,
Imagino su voz,
Sus ojos,
Sus pasos,
Sus risas,
Sus llantos,
Su aroma,
Su pelo,
Sus ropas,
Sus sueños,
Sus juguetes...
Imagino,
Lo imagino,
Porque no existe
Y sin embargo,
Lo amo tanto.

Lo imagino,
Imagino,
Q…

Ella y su beso del diablo

Si te descuidas ella te enamora
Si no le prestas atención, tú te la perderás
Si la cuestionas ella no va a reprocharte,
Solo te verá desde el otro lado de la puerta
Pero si la admiras, ella te enloquecerá

Nunca se sabe bien que podrá ser con ella
Aunque todos sabemos a donde quiere acabar
Se pierde en el camino y toma otros rumbos
Siempre esperando llegar,
Llegar al mismo lugar.

Si nunca ha mojado tus perversiones
Es porque nunca la viste de espaldas
Y si has estado entre sus garras
Sabrás de que hablo cuando pienso que es la mejor

Ella es dueña de un puñado de sueños rotos
Cree que son su mejor canción.
No intentes arrebatarselos nunca
Porque por más que esten rotos
No dudará en arrancarte los ojos
Si es que quieres robarselos.

Vive amarrando esos pedazos de vidrio en sus manos
Con cuerdas gastadas de esperanza
Pero cuando se libera de sus amarres
Suele caminar muy bien
Y si ha escojido un objetivo
Lo acaricia aún mejor

Y es que a esta chica de ojos tristes
Y corazón blando
Maldigo …

Tostadas

Despierto. Ahora puedo oler tus tostadas, filtrándose bajo las cobijas de mi cama, dejando una huella de su perfume a cada centímetro de camino que recorre mi rostro en el aire mientras me desperezo. Ahora pienso en tus tostadas, esas que me daban la bienvenida en la cocina cada mañana al salir de mi perturbada habitación, que se ha vuelto menos perturbadora que el resto de la casa a raíz de tu ausencia. Siempre fuiste tan especial, luciéndote con esos pedacitos de madre, uno tras otro durante lo que duraba cada día. Nos hacías la cama al viejo, a mi hermana y a mi, siempre. Nos lavabas la ropa con jabón blanco y una tabla, a pesar de que hacía rato que se habían inventado aparatos para hacerlo por vos. Cada comida que nos preparabas era hecha enteramente por tus manos y aún así, tenías tiempo para tejernos ropa en invierno y llevarnos a pasear en verano. Nunca pedías nada a cambio, todo lo que ganabas nos lo dabas a nosotros hasta que te cansaste de recibir la quimioterapia y te fuis…

Malena no juega

Como todas las mañanas, mamá me ayuda a calzarme la mochila y abrocharme el guardapolvo luego de tomar el desayuno. Salimos de casa, me sube a su bicicleta y me lleva al colegio por las calles de tierra que se tejen entre las cuadras del barrio. Oímos alguna que otra bocina de coches de los vecinos y respondemos con un amable gesto de la mano y una sonrisa. Luego de hacer unas diez cuadras, mamá me baja de la bici, me da un beso en la mejilla y me voy corriendo a ver a mis amigos que me esperan en la entrada de la escuela para cambiar figuritas antes de entrar a clases.
Nosotros, los varones, en general estamos todos juntos en las escaleras del edificio, mientras que las chicas se dispersan en dos o tres grupos mas pequeños. A las ocho en punto suena la campana y todos nos vamos adentro, ahí es cuando llega ella. Tan silenciosa como mi papá cuando está en casa descansando, sube las escaleras, cruza el hall, camina por el pasillo y entra al salón y se sienta en su banco de adelante, c…

Los que fuimos a morir te saludan

Alguna vez me encontré en la cima de uno de los reinados más extensos de este mundo, el de la gran cordillera que se pierde al sur y posee los cuatro climas. Eran otros tiempos. Clavé mi fal e incrusté mis balas en más de mil cuerpos defendiendo mi puesto y a mis hombres. Mi ego se bañaba en la sangre del enemigo, mi codicia se alimentaba de la fortuna de los otros hasta hacer de ellos pobres mendigos. Sentí la gloria al ver los rostros de quienes nos temían y admiraban a la vez. Tuve maestros que me enseñaron, más que a sobrevivir, a pelear por honor. De a poco formé parte una alianza de increíbles caballeros de distintas virtudes que me fueron fieles hasta el último momento, cuando sus gargantas ya no desterraron la desesperanza del último campo de batalla con su grito de guerra. Mi mayor sentimiento de gratitud por haber peleado codo a codo con ellos. Estuvimos tan cerca de ser los mejores, invencibles, inolvidables, dueños de lo que siempre fue nuestro; pero muchos cayeron en las …

El Paraguas

Nací de otoños lluviosos y de sueños que no querían perder a su dueño. Me agrada perderme por las tardes anaranjadas que parecen a punto de entrar en un descanso eterno y volar en dirección del viento. Veo parejas de ancianos tomados de la mano y me recuerdan a mi primer amor, aquel que parecía; nunca acabaría. Fue por culpa de su perro Beagle que comenzó a ladrar muy cerca de mí de repente sin darme tiempo a esconderme y ella, una tarde de Abril, me encontró. En realidad, cada tanto me dejo encontrar por algunas personas para acompañarlas y viajar con ellas por un rato, luego me desprendo de sus manos dejando que el viento me vuelva libre. Nunca me gusto tener un dueño que me arroje tras la puerta de su casa o en algún rincón sucio y frío donde la luz llega con suerte, pero ella era especial. Supe que me quería ni bien me vio por primera vez. Yo tenía un agujero en uno de mis lados pequeño pero importante, había desviado la intención de recogerme que tuvieron algunas señoras pero no…

La fiesta del disfraz

Serpientes de pluma de todos los colores se paseaban por el lugar. Engreídas, altivas, enroscadas en cuellos redondos cubiertos por un pliegue que se sacudía al vaivén de los agigantados pasos de baile. Las señoras espeluznantes con sus vestidos de raso y chiffon muy arriba de las rodillas, con sus encajes negros ahorcando las gruesas cinturas y brotando carcajadas de sangre por encima de los cuellos de plush. Las plumas que crecían como árboles filosos de sus cabezas… Ellas bailaban, reían, fumaban detrás de antifaces negros que sostenían con una mano y ambas, llevaban guantes. Las medias de red estrujaban sus piernas, los zapatos casi parecían explotar. Pero las señoras impactantes se reían y solo con ellas y no de ellas, reían también sus invitados: prestigiosos y elegantes hombres de la aristocracia que se veían tan sobrios, casi todos tan farsantes.
Bailaron y rieron, la servidumbre se encargo siempre de mantener llenas las copas de cristal Bebieron y fumaron, abasteciéndose a …
Ana salió corriendo al patio y cuando la mina entró, se fue sin querer volver nunca más. Se sintió una estúpida, una imbécil. Abrió su cartera y encontró que había gastado todo su dinero en la cerveza y los tequilas de anoche: aquél infeliz ni siquiera le había invitado un trago y ahora la había echado como un perro. “No vale nada ese tipo” pensó, “como fui tan estúpida para estar con él, encima que tiene novia…Pobre mina, debe tener unos cuernos enormes por un tipo que no vale la pena”



En una habitación de paredes color cereza, con más de 20 velas encendidas y los vidrios de las ventanas transpirando sexo, dos amantes se miraban a los ojos maravillados, jurándose amor eterno. Lo que a ella más la enamoraba de él es que al verlo creía estar poniendo su corazón frente a un espejo. El no dejaba de acariciar su cabello. Cada milímetro de su piel se encontraba ligado profundamente a cada hebra de su espesa cabellera al tacto, realizando un vuelo mágico, bordeando sus hombros con la espesur…

La Reina de todas las chichas

Brillante sol
Calcina sin piedad
Su amor por la belleza,
Esta vez les jugó mal.
A lo alto me acerco a sus caricias
Desnuda en un rincón
Pero con cuidado,
Se cuando decirle que no.

La Reina de todas las chichas
En mi boca quiere bailar.
Me desea, la deseo
Y no importa el precio a pagar.
Su jugo es tan suave,
Su fruta toda una tentación.
Quiero morderla desafiante
Embriagada en su esplendor
Pero es tan terca, tan elegante,
Que cuando esta a unos centímetros de mis labios,
Antes de tocarlos,
Se va sin decir adiós.

El caminante- Poesia

El rueda el cemento con sus pies
El embarra las ilusiones con su sed
Se origina para si mismo
Un infinito nebuloso
Que ni el sol puede esclarecer
Porque si de incierto se habla
Así, su camino es.

El busca algo perdido
Después de tanto andar
Algo perdido en el camino y,
Sin embargo,
No puede volver atrás.

Pinta fotografías en su mente
Recuerda historias de cajón
Lleva en su abrigo más de doscientos nombres
Y otros treinta y cuatro en el pantalón
Esconde su cabello emblanquecido
Bajo un gorro de gamuza azul
Pero no puede esconder sus años,
Que en el fondo de sus ojos
Oscilan el último adiós

Quizás ahora
Sus manos estén preparadas para trepar
Con tantas arrugas y asperezas
Los árboles no se le resbalarán más.
En lo alto de sus copas
Imagina una siesta
Sin reloj
No hay apuro para despertar.