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Mostrando entradas de marzo, 2010

La fiesta del disfraz

Serpientes de pluma de todos los colores se paseaban por el lugar. Engreídas, altivas, enroscadas en cuellos redondos cubiertos por un pliegue que se sacudía al vaivén de los agigantados pasos de baile. Las señoras espeluznantes con sus vestidos de raso y chiffon muy arriba de las rodillas, con sus encajes negros ahorcando las gruesas cinturas y brotando carcajadas de sangre por encima de los cuellos de plush. Las plumas que crecían como árboles filosos de sus cabezas… Ellas bailaban, reían, fumaban detrás de antifaces negros que sostenían con una mano y ambas, llevaban guantes. Las medias de red estrujaban sus piernas, los zapatos casi parecían explotar. Pero las señoras impactantes se reían y solo con ellas y no de ellas, reían también sus invitados: prestigiosos y elegantes hombres de la aristocracia que se veían tan sobrios, casi todos tan farsantes.
Bailaron y rieron, la servidumbre se encargo siempre de mantener llenas las copas de cristal Bebieron y fumaron, abasteciéndose a …
Ana salió corriendo al patio y cuando la mina entró, se fue sin querer volver nunca más. Se sintió una estúpida, una imbécil. Abrió su cartera y encontró que había gastado todo su dinero en la cerveza y los tequilas de anoche: aquél infeliz ni siquiera le había invitado un trago y ahora la había echado como un perro. “No vale nada ese tipo” pensó, “como fui tan estúpida para estar con él, encima que tiene novia…Pobre mina, debe tener unos cuernos enormes por un tipo que no vale la pena”



En una habitación de paredes color cereza, con más de 20 velas encendidas y los vidrios de las ventanas transpirando sexo, dos amantes se miraban a los ojos maravillados, jurándose amor eterno. Lo que a ella más la enamoraba de él es que al verlo creía estar poniendo su corazón frente a un espejo. El no dejaba de acariciar su cabello. Cada milímetro de su piel se encontraba ligado profundamente a cada hebra de su espesa cabellera al tacto, realizando un vuelo mágico, bordeando sus hombros con la espesur…