A vos


Descanso mis ojos y puedo verte
Como no quisiera, puedo verte.
Veo mis piernas y encuentro algo tuyo en ellas
Delgadas,  flojas.
Pequeñas marcas me recuerdan lo que no desearía recordar
Porque no es agradable volver a verte
En tus últimas imágenes.
Porque es tan triste que podría llorar.
Yo, que te quise tanto.
Yo que te amé tanto
Y no podía verte.
No así.

¿Qué pensarías de mi?
Vos, que mi quisiste tanto,
Vos que me amaste tanto.
Yo que te prometí volver y no lo hice…
Yo, que te falle
Solo por no poder verte morir.

Si pudiera tenerte viva como antes,
Riendo hasta de vos misma.
Si el forro de arriba pudiera darnos más tiempo
Tiempo como los de antes
Cuando esa enfermedad aún no te había arrancado el alma…

Quisiera darte un niño para cargar,
Quisiera que me veas feliz mujer, madre, feliz.
Pero hasta eso está lejos
Y no me alcanza la vida para lamentarlo.

Como dijo mi hermanito, ahora estas en el cielo y podes volar
Ya no te moves entre brazos y ruedas a donde vayas.
Quizás volviste a ser la de antes
Ojalá
Y ojalá así te pueda encontrar.
Pero se que no pudiste perdonarme nada.

Ser o no ser...


¿Ser o no ser? Ésa fue la cuestión.
De chicos nos gustaba el arte, lo que en realidad para nosotros en ése momento, era poder dibujar y pintar en la casa de tu mejor amiga de la primaria con su cajita llena de fibrones, lápices, crayones y hasta acuarelas mientras ella se aburría porque quería jugar a las muñecas y nosotros le decíamos: vamos a jugar a que dibujamos. Algunos años después, tantas películas de fantasía nos llevaron a plasmar nuestra imaginación en pequeños relatos donde una chica moría y su espíritu vagaba por el  lago de un bosque queriendo decirle  a su padre que no llore por ella; o dos jóvenes se amaban en la escuela, se escribían cartas y se las dejaban al pie del árbol de la plaza del barrio donde habían tallado sus nombres y un gran corazón. Entonces un día tu mamá te dice “¿no querés que te lleve a un taller de escritura?”; todavía recuerdo cuando a los cinco años lloraba y le decía que nunca iba a aprender a escribir, que me era imposible. Ahí es donde creemos que todo empieza.
 Con muchas lecturas en las clases y solo la mitad de trabajos prácticos terminados en ellas, empezamos a forjar una pluma propia. Sentimental, tediosamente romántica y oscura por demás, pero es nuestra y en los textos que escribimos comenzamos a descubrir que hay algo diferente que a los otros compañeros del colegio les gusta pero también, que es algo que ellos no pueden hacer. De ahí que creemos que somos especiales con lo que hacemos y nos gusta hacer. Entre los doce y los diecinueve años es perfecto: ya sabemos que podemos crear algo que va a atraer todas las miradas y del que brotará dinero y fama. Algún día… Si, algún día…
 Lo que no sabemos es que a esa edad, la imaginación comienza a volar de nuestra cabeza tan lejos que ya no podemos tocarla ni mucho menos recurrir a ella cada vez que queramos. Lo híper tangible se vuelve piel y lagrimas, todo el tiempo. Siempre nuestro amor, nuestro sufrimiento, nuestras peleas de familia, nuestras pérdidas. La lectura pasa a otro plano muy lejano, pasamos a leer sólo en el taller y las veces que asistimos, siempre que no faltemos por dormir luego de una noche larga de almohada mojada o por quedarnos con la persona que estamos en ese momento, peleando por horas en la habitación para terminar a los “me muero si te pierdo”.
 De todas formas, cada tanto nos sale de la manga algún manuscrito maravilloso que nos deja sorprendidos hasta a nosotros mismos y por eso, seguimos soñando con el “algún día”. Irremediablemente, tantos años de palabras bien usadas y descripciones profundas se notan en nuestra forma de ser, por lo que llegamos a atraer gente que, ingenuamente, cree en nosotros pero en vano: nunca más pudimos amar a los libros más que a nosotros mismos, nunca más salimos de la perdición de habernos salido de lo que era nuestro camino, pensar por horas y ensayar ideas en borrador, defender nuestros pensamientos aún sin que nadie nos vea. Una vez desvalorada la palabra… ¿qué nos queda? Pero bueno, ésas personas increíbles nos dieron una segunda y tercera oportunidad de volver a las pistas: nos publicaron un trabajo, nos ofrecieron un espacio en la radio y se volvieron inolvidables pero, siempre colgamos todo. Hasta llegamos a pensar que con nuestra pluma y un par de músicos podríamos hacer grandes canciones y llegar a ganarnos la vida con eso! Pero luego vemos que aún el menos músico del grupo es un buen lector y escribe mucho mejor que nosotros (sin mencionar a los enormes pero enormes pequeños ex compañeros del taller que si bien, todos eran menores a nosotros en cuanto a la edad, se volvieron inmensos en un abrir y cerrar de ojos, dejándonos con la boca abierta de tanta belleza y genialidad emitida por sus voces al relatar sus trabajos).
 A todo esto (y luego de un par de años de largas indecisiones) llegamos a la facultad que siempre creímos que nos devolvería a nuestro origen, que nos forzaría a entrenar de nuevo nuestros polvorientos dedos para hacerlos brillar como antes, con más lecturas y herramientas a la hora de pintar mundos, ideas, críticas… Entramos con la frente alta a la facultad de periodismo y creímos que todos estos últimos años de no hacer nada iban a quedar en nuestra historia como un pequeño agujero, pero llega la materia que hasta los que muy bien no saben escribir promocionan con nueve o diez y el profesor, a la tercer clase, da una lista de alumnos que no deberían asistir a un taller de escritura complementario y… vos no estás en ella.  Volvemos a nuestra casa abarrotados de angustia, bronca… Sobre todo impotencia: el tipo tiene razón. Le basto con leer solo tres ejercicios nuestros para darse cuenta que somos unos buenos para nada y que  liquidamos nuestro tiempo sin crecer un milímetro, conseguir un trabajo, ni siquiera terminar un solo maldito año en cualquier carrera de todas las que pueden estudiarse en la estúpida gran ciudad en la que nacimos! Lo único que traía en mis bolsillos fue un hijo perdido y un amor que se desvanece de pasión con los meses. O quizás yo me estoy yendo con ellos a ningún lado… De cualquier forma, algún día voy a irme con mi hijo dejando o no algo en el mundo.
 Para no ser tan drásticos hablaré de cuando la suerte golpeó nuestra puerta.
 Un buen día nos encontramos juntando papeles muy significativos, tales como “curriculum vitae” y “analítico” (de secundario completo). No se dejen engañar por lo que la joda y actos encadenados de problemas que incrementan su volumen puedan querer enseñarles: esos papeles valen mucho más que el documento de identidad hoy en día (y si, pasé mucho tiempo sin hacer nada pero un poco mantuve los pies sobre la tierra). A los meses y gracias a una mujer a la que le debemos la vida y mucho más llamada “mamá”  (la misma que nos llevó al taller) nos consiguió entrar a trabajar para el estado, trabajo con el cuál pudimos comprarnos la moto que siempre quisimos  y cumplir uno de los mayores sueños habidos viviendo en una casa con cuatro hermanos más chicos que nunca aprendieron a callarse lo suficiente y dejar de molestar cuando verdaderamente es necesario  (además de que siempre hicimos lo que quisimos estén de acuerdo nuestros padres o no): irnos a vivir solos.
Ser o no ser lo que de chicos queríamos ser era la cuestión. A los veintidós años puedo decirles eso y que en realidad, lo que importa es quienes somos. Descubrirnos es una tarea que solo termina con la parca, más larga que cualquier carrera, pero.. Bueno irá en cada uno como quieran tomársela. Les aconsejo que disfruten de la misma lo más que puedan, que sean todas las personas que quieran ser, que prueben, reprueben y demás aunque me suena muy “dicho” toda esta fanfarroneada y lo torné aburrido. ¿Por qué elegí el plural del yo para redactar lo que están leyendo?. No creo ser la única persona que haya pasado por circunstancias de éstas características, nunca crean ser “la única persona que..” sintió un amor tan grande, un dolor tan grande, etc. No se crean únicos a partir de otros. Además, el nosotros (o nosotras mejor dicho) viene de que no estoy sola. Me acompaña mi perra Arena mientras escribo éstas últimas líneas. Ella vino de un terreno baldío del barrio San Carlos, no la tengo desde que nació. ¿Quién puede decir que no haya padecido las mismas cosas que yo? Bueno, quizás alguno la haya conocido desde antes pero pocos o tal vez ninguno podría asegurarlo como tampoco podrían asegurar que seré o no quien quise ser y que estás dos o tres hojas absurdas de contenido integren el día de mañana algún libro que muy descaradamente se venderá por las calles, salvo que ya no se lea y que todo el mundo, en este momento, se encuentre perdiendo el tiempo jugando en facebook, con sus video juegos o mirando televisión. La verdad es que un día cualquiera puede hacer la diferencia y la elección es nuestra.


El relámpago

Las carcajadas devoraban el aire enviciado y repleto de humo. La tenueidad las volvía tan macabras como el ambiente, mientras destilaban alcohol por cada rincón del bar. Los porrones de cerveza chocaban bastante entre si, celebrando las hazañas realizadas por unos jóvenes británicos.
Hablaban de como habían asesinado campesinos y se habían apropiado de sus mujeres solo para impartir miedo y generar respeto en sus tierras. Creían ser tan dominantes y se enorgullecían de la cantidad de esposas e hijas que habían violado, derrochando su dinero como agua en la barra.
Una de las gordas dueñas de la taberna celebraba con ellos desnudando sus pechos para que los "ganadores" puedieran observarlos mientras les llenaba las copas. No faltaba demasiado para que los elogiados subieran por sexo a los cuartos para culminar su jornada bien satisfechos. No importaba si tenían mujeres esperandolos en sus casas o niños sufriendo pesadillas de madrugada.
De pronto, el crujir de la gruesa puerta de madera se robó todas las miradas. Un hombre alto y fornido, de aspecto desalineado pero con buenas ropas y mirada seria, entro al bar. Se sentó cerca de la barra, clavó sus ojos en la mesa e hizo un ademán con la mano para que le sirvieran cerveza. Los jovenes se habían detenido a observarlo en silencio, espectantes, intrigados por su prescencia hasta que uno de ellos dijo que el recién lllegado era otro propietario pero nuevo que venía del sur de Gran Bretaña a extender sus dominios. Solo ahí se aflojaron e intentaron invitarle el trago pero el hombre se negó pagando inmediatamente su bebida. Charles Crow, uno de los más osados e intrépidos burgueses, dueño de muchas hectáreas, no reparó en esto con más de un insulto dicho entre sus compañeros y siguió bebiendo y contando sus hazañas. El sureño se mantuvo absorto en su copa, silencioso y atento, escuchando cada risa y cada palabra.
Al poco tiempo ya estaban todos desparramados entre las mesas y la barra, de tan ebrios no podían ni mantenerse sentados. Solo el último en llegar se mantenía contra la silla, derecho. Charles estaba tan borracho que repetía las mismas anécdotas una y otra vez, agregandoles nuevos detalles a medida que las repetía. Entonces, comenzó a decir: esa zorra sabía tanto que hasta le enseñaba a leer a una de las pequeñas rameras de la aldea. Y se ve que fue una buena alumna porque entre las dos me la chuparon bastan.. Antes de que Crow terminara la frase, el sureño se le había abalanzado encima, empujando al suelo a sus compañeros, partiendo una botella por la mitad con un golpe y posándola sobre su cuello. A pesar de su ebreidad, Charles era consciente de que su vida estaba en manos de ese hombre y que ninguno de sus borrachos amigos podía ayudarlo. Entonces su raptor, apretando los dientes y su brazo izquierdo alrrededor de su garganta, le dijo:
-¿Alguna vez sentíste un relámpago?- Charles suplicaba por su vida, sin entender la pregunta. El hombre apretó aún más su brazo mientras lo tiraba y acorralaba en el piso. Nadie movia un solo dedo para ayduarlo, ni sus comapañeros, ni la dueña del bar. Todos, espectantes, observaban cada movimiento, como esperando a que lo matara y se vaya del lugar para poder irse a dormir. El sureño volvió a preguntar pero ahora impaciente, levantando la voz y golpeando la cabeza de Charles contra las mesas, paseandolo como a una bolsa.
-¿Sentiste o no un relámpago? Si! Un relámpago, no un trueno: ardiente de luz, ramificandosé por todos los rincones de tu estómago, paralizando de a poco cada labio, cada párpado, cada brazo, cada musculo escépto tus piernas. El rugir del trueno inmediato las hace temblar hasta quebrarte de rodillas, ¿sentiste eso?. ¿Alguna vez caíste de rodillas ante alguien tan poderoso orinando tus pantalones?. ¿Sentiste que eras un alma gritando dentro de un cuerpo inerte que no emite sonido alguno?. Le pasó a mi mujer hoy pero ella cayo de rodillas ante un imbécil enfermo que no merece ni un centimetro de sus posesiones ni el minimo respiro que dé en este podrido mundo. ¿Te divertiste, no? Ella solo visitaba la aldea para enseñarles un oficio a las jovenes, a leer, a valerse por si mismas pero tú, tenias que terminar con sus buenos actos, no? Y solo porque cada persona de esa aldea era mucho mejor que cualquier de vosotros no querías que algun día, sean dueños de los que les pertenece.
-Perdóname, yo no sabía que era tu mujer lo juro
-No importa! No importa si es mi mujer o la de alguien más o de nadie, no tienes derecho a mutilar vidas inocentes y ahora vas a pagar por tus aberrantes cometidos, asesino.
-N no, por favor! Se lo ruego, tenga piedad.
-Ninguna persona que no aprecie la vida de alguién más la merece.
El hombre soltó la botella, le dio varios golpes en la cabeza, pateó su cuerpo agonizante, volvio a tomar la botella y corto su rostro en varias direcciónes. Luego lo arrastró hacia afuera, lo ató a un árbol con unas cuerdas que había guardado seguramente antes de entrar, junto a la puerta, lo empapó con alcohol y lo prendió fuego.
Recién en ese momento los compañeros de Charles y la gorda de la taberna corrieron a apagar las llamas pero ya era demasiado tarde. El sureño tomó su caballo y se alejó del lugar. Nunca más supieron de él

Una loca venganza

Walter se había comprado zapatillas nuevas en colores beige, chocolate y con unas franjas celestes. Busco en el ropero aquella remera blanca con escote en v que le ajustaba los hombros, la puso sobre la cama junto a su jean preferido y fue a darse una ducha. Al salir del baño se puso desodorante, se vistió y bajo a comer con su familia. Una sonrisa autentica se dibujaba en su rostro: esa noche se encontraría con Julieta, su amor de la secundaria.
Habían estado de novios tres años, las circunstancias de la adolescencia los separaron pero luego de varios meses sin verse, ambos, sentían lo mismo que cuando decidieron estar juntos: un amor inmenso.
A las once de la noche recibe un mensaje de texto que decía "ya comí, me venís a buscar?". Se termino rápido lo poco que quedaba en su vaso y corrió a abrir la puerta de su casa. Salió a la calle y comenzó a caminar, cada paso que daba era un recuerdo vivo que se cruzaba por su cabeza, como si el tiempo no hubiese pasado, como si nunca hubiese dejado de caminar esas tres cuadras de distancia entre sus casas para verla. Estaba nervioso, sentía que paseaba a su perro, que bailaban bajo la lluvia, que se besaban cada cinco metros, como antes. Era como tenerla caminando a su lado, mirándolo fijamente y esperando sus ojos. Su último encuentro había sido hermoso: no dejaban de reír, de recordar las peleas tontas, los sueños compartidos, las anécdotas vergonzosas. No habían cambiado casi en nada, lo único diferente era que ahora podían reírse de las cosas que antes no los dejaban respirar.
Llegó a su puerta y la encontró abierta. Recordó que los padres de su ex novia irían al cine esa noche, como ella le había dicho, así que pensó que estaría esperándolo ansiosa en la sala de estar. No se molestó en llamarla al celular aún por las dudas de que su padre se hubiese olvidado las llaves de la cochera y estuviese por salir, entro con la confianza que se había ganado en su familia durante toda su relación. Walter la amaba y en casi todo momento, la había respetado mucho.
Cruzó el umbral de la casa, un golpe agudo en su estomago lo desconcertó al ver que todo estaba revuelto: los cajones del modular volteados en el piso, las sillas desplomadas en el suelo, cuadros rotos... Corrió a la habitación del fondo tropezándose, gritando "Julieta" y cayó de rodillas en la entrada: el cuerpo inmóvil de la mujer que amaba yacía junto a la cama rodeado por un charco de sangre. Se acercó, la tomó entre sus brazos y la apoyo junto a su pecho y ella, como si no quisiera, no respiraba. Walter se quebró en llanto, no podía creer todo lo que le habían arrebatado, todos los sueños que tuvo que tragarse como si fueran espinas desgarrando su garganta. Llamo a la policía y a una ambulancia que no pudo hacer más que transladarla muerta al hospital. No podía prestar declaración a los oficiales, estaba en shock. La mirada perdida y mojada regaba lastima por doquier. Supo que había perdido todo.
Lo transladaron a la comisaría donde se quedó toda la noche. Cuando al poco tiempo de su llegada entraron los padres de Julieta, la sala de estar se transformó en un circo de gritos, llantos, desmayos, intentos de golpes en el aire. Ellos le echaban la culpa, él no podía defenderse. El dolor no se lo permitía. Al salir en libertad, luego de varios intentos para que contara su versión de los hechos, fue acorralado por periodistas, micrófonos y cámaras. Su padre, que había ido a buscarlo, tuvo casi que arrastrarlo al auto y salir arando para poder escapar de los medios. Walter solo quería llegar a su casa, sentarse en su cama a observar una foto y dispararse en la cien.
Con los meses la justicia resolvió su inocencia, la chica había sido violada antes de que la mataran de ocho puñaladas y las muestras de ADN de Walter no coincidían con las que pudieron hallar en la escena del crimen. Al enterarse, se destruyó aún más. La madre de Julieta fue a pedirle discuplas, lo abrazo y empapo su hombro con lágrimas pero él nisiquiera pudo devolverle el abrazo. También anunciaron que de la casa no se robaron nada el día del asesinato, lo que inició la hipótesis de que el asesinato fuese algún tipo de venganza: el padre de la joven era un empresario poderoso y con mas de un enemigo.
Era demasiado, ¿quién podría haber sido capaz de cometer semejante atrocidad? ¿de violar y matar a la chica mas hermosa que él haya visto? Quería encontrar al culpable, torturarlo a él, al padre de Julieta, a la policía que no estuvo presente. En su mente florecían sonrisas y cuchillos atravesando algún cuerpo extraño, frases que volvían su historia única, deseos de venganza, de muerte, de acechar y mutilar a quien haya sido pero hacerlo!. Una y otra vez usaba su puño como una daga contra las paredes, la cama, el piso. Enhebraba una idea tras otra: ¿habría sido un amigo de su padre, un enemigo? ¿un ladrón? ¿un amante que ella haya tenido? ¿Y su amigo? O ese que decía ser su amigo más íntimo. Tal vez la había amado desde siempre y se cansó de que ella nunca le de una oportunidad. O tal vez un vecino enfermo trastornado y enviciado por su belleza. O su hermano, por no prestarle la moto para salir, o algún político que quiso abusar de su poder, o un primo, o una amiga celosa con otro chico ayudándola. Quizás hasta podía haber sido el mismo, atravesando un estado de inconsciencia absoluta claro, o no.. Pensaba y pensaba: ojos verdes y cabellos claros, perfume delicado (no podía arrancar las imágenes que corrían en su mente) muerte, vacío, la piel mas suave que pudo acariciar, arrebato, impotencia, dolor, ojos verdes y cabellos claros, largos y lacios, la chica mas linda que pudo besar. Venganza, dolor, sangre manchando la alfombra, una mirada sin vida, manos frías, una risa única, un asesino suelto, alguien que se ríe a sus espaldas mientras el no hace otra cosa que morder toda su angustia a cada segundo, todos los sueños aniquilados, dolor, muerte, dolor, Juelieta... El universo entero escurriéndose por una herida de puñalada y cayendo a un pozo sin fondo. Julieta...
Un manojo de zombis caminado en círculos, todos siguen una dirección propia. Visten de blanco con largas batas. Un parque verde, soleado. Muros grises acorralando a estas almas perdidas y encontradas a su manera. Algunos no caminan, se tambalean en un mismo sitio hacia adelante y hacia atrás. Otros conversan entre si consigo mismos, sentados en bancos de madera. Walter habla solo, solo con Julieta. Le dice que su pelo es hermoso, que lo deje tocar su piel que es la más suave que jamás podría acariciar. Le pide que lo perdone por engañarla con su mejor amiga, que por favor lo perdone porque no puede vivir sin ella. Walter inventa cada noche otra historia para no aceptar la realidad. Ya no usaba sus zapatillas beige ni su remera con escote en v ni su jean preferido...
Julieta y el mejor amigo de Walter se ríen en otra ciudad.
Subir al delorean, revivir los años de amor una vez más pero desde otro lugar. Disfrutar lo real de la vida sin sueño, sin cuentos, solo lo que tenemos y no tenemos.
Siempre te voy a querer, por mas grandes e iguales que estemos.

Siempre voy a querer volverte a ver unos días después
Ningún viento desdibuja tu recuerdo
Por más fuerte que sople,
Jamás soñaré mas que a tu lado
Luego de tantas noches juntos.
Hay algo inmenso que expande mis pulmones e ilumina mis ojos
Cuando te paseas por mi cabeza,
Y nace la sonrisa de saber que fuiste real
Y siempre bien te voy a recordar.

Hoy estoy increíblemente bien,
Quería decirte:
Soñadora,
Solitaria
Y a la vez
Rodeada de amigos.

Si me vieras,
Proyectando sobre la vida
Con una mente arrojada de cuentos
En mi biblioteca solo guardo
El libro que lleva tu nombre
Nadie puede decir
Que no volvamos a leerlo.
Aunque ya no espero más de lo que merezco
No busco lo que no puedo encontrar.
Coloreo cada día con crayones vivos
Y no añoro los años que son de alguien más.

Aprendí a vivir sin tu angustia
Sin creer que todo estaba perdido
Y salí a ganar por las mías
Sin tener que reemplazarte con arena
Que termina por escaparse de estos dedos míos.

Hoy quiero darte un mate
Y devolverte alguno de los tantos cigarrillos que me convidaste
Lo que el camino nos depare no importa
Sino saber
Que seguís en el
Y que mañana
Siempre puede ser aún mejor.

Soltaré

Dejaré salir a la bestia y que ella se monte a todo éste jodido mundo que durante un lapso de tiempo extenuante, la mantuvo oculta . Años comiéndose dolor y llanto, tras el umbral de mis ojos , viva y enfurecida, llena de odio.
No mira hacia atrás, solo despedaza sombras que nada pueden hacer para ahogar se sed.
La bestia no siente dolor, no tiene melancolía, no busca pasión y mastica corazones con sus fauces ensangrentadas y respira sueños aniquilados con excesiva fuerza.
No voy a ponerle ningún bozal, ningún collar arriesgará su fiebre. Ya destrozó las puertas, arranco los últimos pedazos de estacas de su cuerpo, aquellos con los que se creyó que moriría pero la bestia vive más que nunca y ha abandonado las tinieblas para erradicar todo lo que ponga en peligro su frágil existencía.

Ocurrencia

De a poco me desvanezco, estoy dejando de existir en el mundo donde mis palabras tenían fuerza y eran leídas. Ya no hay historias de niños de diez años, de ángeles y espartanos, de paraguas y locas bellas. Ya no hay cuento que cuente con ganas de contar, con ganas de contagiar, de despertar, de crear.
La soledad me ha tomado de rehén, la música, su irremplazable colega me tomó como prisionera sin dejarme un respiro siquiera para desahogar media lagrima: me han vaciado de melancolía con movimientos de cadera y cuerdas vibrando. Los amigos, expectantes todo el tiempo y encargados también de que no vuelva a sentirme triste.
Extraño... por primera vez sigo una línea constante sobre la que no dejo de disfrutar el paisaje: rio, canto, bailo, me impregno de los más arduos aromas de los buenos momentos, comienzo a descubrirme nuevamente a partir de mi y no de alguien más, existo, sexisto, acompaño, llevo, traigo, convido y demás pero... No me siento muy yo sin mí pero si mi se alejo dejando a yo libre, relajado, propio de si entonces le enviare un beso a mí y le daré las gracias a si por dejar que yo sea, no rara pero si diferentemente, feliz y más yo y menos yo que nunca pero sin angustias.
De a poco entro en otro mundo, con otras responsabilidades y colores, aromas leves, personas ligeras, lugares que parecen salir de grietas oscuras a lugares ya conocidos, lugares que parecían estar lejos y no era así… Cuentan que contaba como cuento y que ahora cuento como se cuentan las cuentas pero sin saber que cuenta hacer para llegar al resultado nuevo y sorprenderme otra vez.

Bailemos Rock

En la noche, al silencio del sueño
Oigo una guitarra que me llama
Como si tuviera voz propia
Sacude mi alma
Quiere arrancarla de mi cuerpo
Y me hacerme bailar.

Si te sigo no hay llanto
Si me esclavizo a vos solo huelo libertad
Si me secuestras nadie podra amarrarme
Y si en vez de morirme te elijo
Es porque abandono mi egoismo
Y me sexisto para todos los demás.

El violero sin rostro me arranco la soledad
De un salto y a sus pies me encuentro ya
Bailemos rock esta noche para olvidar las penas
Y si el mundo parece haber terminado
Mejor bailemos y que vuelva a girar.

Bailemos que el dolor es en vano
Yo prometi esperar y eso voy a hacer
Bailemos y sigamos esperando
A quien nos cubra luego con sus brazos
Y no se vaya antes del amanecer.

Si hay un amor infinito
Solo el tiempo lo descubrirá
Mientras tanto bailemos y sigamos esperando
A quien luego no se vaya con el primer amanecer.

El violero sin rostro me arranco la soledad
De un salto y a sus pies me encuentro ya
Bailemos rock esta noche para olvidar las penas
Y si el mundo parece haber terminado
Mejor bailemos y que vuelva a girar.

En lo de Mildred Jhones

En lo de Mildred Jones

Serpientes de pluma de todos los colores
Se paseaban por el lugar.
Engreidas, altivas,
Enrroscadas en redondos cuellos
Que bailaban al compás.
Las señoras espeluznantes
Con sus vestidos de raso y chifón
Con sus encajes negros
Ahorcando las cinturas
Brotando carcajadas de sangre
Detras de los labios entre rojo y bordó.

Ellas bailaban,
Reian,
Fumaban,
Detrás de negros antifaces,
Cubriendo sus manos con guantes.
Las medias de red
Les estrujaban las piernas
Y los zapatos,
A punto de explotar,
Gritaban en la fiesta.

Pero las señoras impactantes
Se reian
Y solo con ellas y no de ellas
Reian sus invitados.
Prestigiosos hombres de la aristocracia
Se veian tan sobrios
Y en lo obvio
Tan farsantes.

Bailaron y rieron
La servidumbre les mantuvo llenas las copas
Bebieron y fumaron
Abastecidos por la plebe todo el tiempo

Y es que en lo de Mildred Jones
Todas las fiestas eran de adular
Las señoras se pavoneaban
Y los hombres
No dejaban de halagar
Los ricos se divertían
Y los sirvientes eran humillados por demás.

Hubo una niña, una lampará en el oceano de fuego
Una joven, bella sirvienta
Que disfrazaba su vientre al recelo.
Camino apurada, manteniendo las copas llenas
Hasta que en un descuido
Se topó fuerte con Mildred Jhones
Y la gigante la empujo.

De su cabeza sangre brotó
Pirmero como un hilo leugo en forma de rio
La sangre a todos los zapatos les ensuciaba
Y luego hasta sus rodillas llegaba.

Las puertas y ventanas estaban trabadas
Nadie podía salir de allí.
Gritos y corridas
Empujones y patadas.
Las mujeres se trepaban a los hombres
Y ni ellos en el oceano nadaban.
La lampara de aquella chica
Se tragó todas las risas de la velada.
Nunca debi intentar borrarnos, nunca debi apartar los vestigios de nuestro amor.
Lo real es intangible, lo verdadero son las promesas que van a cumplirse.
Hoy no es nuestro tiempo,
Hoy es gris
Mañana volveremos a ser los de antes.
El color mojará nuestros días,
Tendremos lo que siempre tuvimos que tener.
Y todo volverá a ser como siempre debió,
Unicos, eternos, especiales,
Nosotros y nuestra historia sin fin.

Yo voy a esperarte, voy a hacer que el tiempo perdido termine valiendo la pena.
Yo voy a amarte, como siempre lo dije,
Para siempre.

Solo espero que no te desvanezcas, que solo mires atras para querer seguir adelante.

Se que desnuda de Dios y a orillas del mar, todo será como debe ser

El tiempo no sirve

Risas, llantos de madrugada
Esos sonidos que se escapan antes de llegar.
Noches de insomnio, mañanas alegres,
Pañales rebeldes que no tendré que aprender a domar.

Porque no estas, ya no estas aqui.
Ya no descansas en mi vientre, realmente,
Ya no estas en mi.

Hay historias, fabulas por contar
Y esos viejos consejos que mama me tendría que dar.
Una pieza chiquita por pintar
Llenar de colores tu mundo,
Mi vida,
Cantarte para que puedas descansar.

Pero no,
Pero no.
El tiempo se estingue y los recuerdos que no existen
Al olvido no se entregarán.

Lo lamento hijo, te traté tan mal.
Y a la hora de pedirte perdón,
No tengo donde rezar.
Si pudieras escuchar ésta canción,
Si pudiera volver el tiempo atras,
Si pudiera cuidarte como debí hacerlo
La tempestad en mi vida
No me ahogaria más.

Pero no,
Pero no.
El tiempo se estingue y los recuerdos que no existen
Al olvido no se entregarán.

El tiempo se estingue,

El tiempo no sirve

Y vos no vas a regresar.

Algodón y azúcar

Él parece de algodón y azúcar, Pero en el centro es una roca despiadada. Él puede llenarte de amor, Pero sus huecos insaciables No te p...