Cruzando el barrio por los techos ajenos, persiguiendo a un criminal.
La vida sin sueño no es vida si no soñamos para despertar siempre a ella y discriminar entre realidad y fantasía.
Te vi desistiendo por ultima vez cerrando todos los caminos
Y todos mis espacios de relieve.
Cubriendo...
Una vez más, como hacia mucho tiempo, nos pusimos de acuerdo:
Un silencio complice, una piel que nunca acaba acaba por acabar la historia.
Las mentes se fortalecen, es la era del iluminismo y la razón del hombre.
En un paso agigantado reencontramos el camino
En microsegundos desdibujamos todos los libros
Las poesías serán obras para alguien más
Mediocres amantes banales, ilusos que buscan palabras hechas o almas perdidas que solo viven a través de otros corazones.
Los sonidos y secretos intimos al oído,
Las promesas que dieron que pensar...
Una vez más y para siempre
O una última vez y nunca más.
Quien les dirá que nada es para siempre,
Sólo los recuerdos fuertes
How happy is the blameless vestal’s lot! The world forgetting, by the world forgot. Eternal sunshine of the spotless mind! Each pray’r accepted, and each wish resign’d.
jueves, 26 de julio de 2012
jueves, 12 de julio de 2012
¿Amanecerá?
(El subconsciente es más consciente de lo que se
cree).
No quiero pensarlo, no pienso. Ideas, imágenes, se vienen a mi cabeza y las esfumo como humo a manotazos:
Oigo a mi alma susurrar entre las hojas y limones, de noche.
Todavía está oscuro, si.
Oigo sin entender pero imagino que quiere.
En la penumbra hay calma, la bestia duerme
Oigo el murmullo de mi alma y temo que alguien más la escuche.
Hubo algo por los rincones
Cada vez por más rincones.
Moviéndose por ahí,
Jugando con mi alma
A escondidas de ella
Quien pocas veces
Quiere salir a ver,
Quien siempre se esconde,
Quien ahora, susurra.
Intrigada, curiosa quizás.
Hizo silencio, de esos que guardan cosas
De esos que quieren apropiarse de los momentos
Y ponerlos bajo llaves.
Sombras sin forma ancladas en la tierra porque si
Con miedo
Con risas tímidas
Parece que hasta se ríen de mi
Jugando a las escondidas.
Yo intuyo lo que mi alma quiere decir
Tiene ganas de romper los vidrios de esa ventana
Desalojar su cueva, su mediocre fortaleza.
Tiene ganas de gritar
Incluso hasta de llorar, creo,
Pero bien
Y salir a jugar con las sombras por el jardín.
Yo intuyo que mi alma ya no se siente sola
Aun sola
Porque hay algo correteando ahí afuera.
Yo intuyo que mi alma quiere volver a sentir
Quiere que yo la libere
Pero hicimos un trato hace tiempo
No voy a desamarrar sus cuerdas
No voy a dejar que se vaya otra vez
Ella sabe el precio de su libertad
Y ella no es quien debe pagar.
Aún es de noche,
Voy tanteando en la oscuridad
Y las sombras, de a poco, van tomando forma
Y son suaves, ahora,
Son suaves y están llenas de calor.
Las sombras con piel,
Los deseos que hablan fuerte
Y siempre piden otra vez.
No quiero pensarlo, no pienso. Ideas, imágenes, se vienen a mi cabeza y las esfumo como humo a manotazos:
Oigo a mi alma susurrar entre las hojas y limones, de noche.
Todavía está oscuro, si.
Oigo sin entender pero imagino que quiere.
En la penumbra hay calma, la bestia duerme
Oigo el murmullo de mi alma y temo que alguien más la escuche.
Hubo algo por los rincones
Cada vez por más rincones.
Moviéndose por ahí,
Jugando con mi alma
A escondidas de ella
Quien pocas veces
Quiere salir a ver,
Quien siempre se esconde,
Quien ahora, susurra.
Intrigada, curiosa quizás.
Hizo silencio, de esos que guardan cosas
De esos que quieren apropiarse de los momentos
Y ponerlos bajo llaves.
Sombras sin forma ancladas en la tierra porque si
Con miedo
Con risas tímidas
Parece que hasta se ríen de mi
Jugando a las escondidas.
Yo intuyo lo que mi alma quiere decir
Tiene ganas de romper los vidrios de esa ventana
Desalojar su cueva, su mediocre fortaleza.
Tiene ganas de gritar
Incluso hasta de llorar, creo,
Pero bien
Y salir a jugar con las sombras por el jardín.
Yo intuyo que mi alma ya no se siente sola
Aun sola
Porque hay algo correteando ahí afuera.
Yo intuyo que mi alma quiere volver a sentir
Quiere que yo la libere
Pero hicimos un trato hace tiempo
No voy a desamarrar sus cuerdas
No voy a dejar que se vaya otra vez
Ella sabe el precio de su libertad
Y ella no es quien debe pagar.
Aún es de noche,
Voy tanteando en la oscuridad
Y las sombras, de a poco, van tomando forma
Y son suaves, ahora,
Son suaves y están llenas de calor.
Las sombras con piel,
Los deseos que hablan fuerte
Y siempre piden otra vez.
domingo, 15 de enero de 2012
Plegaria
Corre un mar de gente muda dentro de mi
Caminan en silenció, todos juntos en van.
Los perversos se van quedando atrás, sin aire…
Los olvidadizos dejaron pasar otro tren.
¿No tienen voz o no quieren hablar..?
No se bien que me está pasando
Tal vez yo ahogue su grito
Tal vez apague su llanto
Y moje sus heridas
Con la misma botella
Que corte mis brazos
Quizás ya me cansé de todo.
lunes, 5 de diciembre de 2011
A vos
Descanso mis ojos y puedo verte
Como no quisiera, puedo verte.
Veo mis piernas y encuentro algo tuyo en ellas
Delgadas, flojas.
Pequeñas marcas me recuerdan lo que no desearía recordar
Porque no es agradable volver a verte
En tus últimas imágenes.
Porque es tan triste que podría llorar.
Yo, que te quise tanto.
Yo que te amé tanto
Y no podía verte.
No así.
¿Qué pensarías de mi?
Vos, que mi quisiste tanto,
Vos que me amaste tanto.
Yo que te prometí volver y no lo hice…
Yo, que te falle
Solo por no poder verte morir.
Si pudiera tenerte viva como antes,
Riendo hasta de vos misma.
Si el forro de arriba pudiera darnos más tiempo
Tiempo como los de antes
Cuando esa enfermedad aún no te había arrancado el alma…
Quisiera darte un niño para cargar,
Quisiera que me veas feliz mujer, madre, feliz.
Pero hasta eso está lejos
Y no me alcanza la vida para lamentarlo.
Como dijo mi hermanito, ahora estas en el cielo y podes volar
Ya no te moves entre brazos y ruedas a donde vayas.
Quizás volviste a ser la de antes
Ojalá
Y ojalá así te pueda encontrar.
Pero se que no pudiste perdonarme nada.
martes, 26 de abril de 2011
El relámpago
Las carcajadas devoraban el aire enviciado y repleto de humo. La tenueidad las volvía tan macabras como el ambiente, mientras destilaban alcohol por cada rincón del bar. Los porrones de cerveza chocaban bastante entre si, celebrando las hazañas realizadas por unos jóvenes británicos.
Hablaban de como habían asesinado campesinos y se habían apropiado de sus mujeres solo para impartir miedo y generar respeto en sus tierras. Creían ser tan dominantes y se enorgullecían de la cantidad de esposas e hijas que habían violado, derrochando su dinero como agua en la barra.
Una de las gordas dueñas de la taberna celebraba con ellos desnudando sus pechos para que los "ganadores" puedieran observarlos mientras les llenaba las copas. No faltaba demasiado para que los elogiados subieran por sexo a los cuartos para culminar su jornada bien satisfechos. No importaba si tenían mujeres esperandolos en sus casas o niños sufriendo pesadillas de madrugada.
De pronto, el crujir de la gruesa puerta de madera se robó todas las miradas. Un hombre alto y fornido, de aspecto desalineado pero con buenas ropas y mirada seria, entro al bar. Se sentó cerca de la barra, clavó sus ojos en la mesa e hizo un ademán con la mano para que le sirvieran cerveza. Los jovenes se habían detenido a observarlo en silencio, espectantes, intrigados por su prescencia hasta que uno de ellos dijo que el recién lllegado era otro propietario pero nuevo que venía del sur de Gran Bretaña a extender sus dominios. Solo ahí se aflojaron e intentaron invitarle el trago pero el hombre se negó pagando inmediatamente su bebida. Charles Crow, uno de los más osados e intrépidos burgueses, dueño de muchas hectáreas, no reparó en esto con más de un insulto dicho entre sus compañeros y siguió bebiendo y contando sus hazañas. El sureño se mantuvo absorto en su copa, silencioso y atento, escuchando cada risa y cada palabra.
Al poco tiempo ya estaban todos desparramados entre las mesas y la barra, de tan ebrios no podían ni mantenerse sentados. Solo el último en llegar se mantenía contra la silla, derecho. Charles estaba tan borracho que repetía las mismas anécdotas una y otra vez, agregandoles nuevos detalles a medida que las repetía. Entonces, comenzó a decir: esa zorra sabía tanto que hasta le enseñaba a leer a una de las pequeñas rameras de la aldea. Y se ve que fue una buena alumna porque entre las dos me la chuparon bastan.. Antes de que Crow terminara la frase, el sureño se le había abalanzado encima, empujando al suelo a sus compañeros, partiendo una botella por la mitad con un golpe y posándola sobre su cuello. A pesar de su ebreidad, Charles era consciente de que su vida estaba en manos de ese hombre y que ninguno de sus borrachos amigos podía ayudarlo. Entonces su raptor, apretando los dientes y su brazo izquierdo alrrededor de su garganta, le dijo:
-¿Alguna vez sentíste un relámpago?- Charles suplicaba por su vida, sin entender la pregunta. El hombre apretó aún más su brazo mientras lo tiraba y acorralaba en el piso. Nadie movia un solo dedo para ayduarlo, ni sus comapañeros, ni la dueña del bar. Todos, espectantes, observaban cada movimiento, como esperando a que lo matara y se vaya del lugar para poder irse a dormir. El sureño volvió a preguntar pero ahora impaciente, levantando la voz y golpeando la cabeza de Charles contra las mesas, paseandolo como a una bolsa.
-¿Sentiste o no un relámpago? Si! Un relámpago, no un trueno: ardiente de luz, ramificandosé por todos los rincones de tu estómago, paralizando de a poco cada labio, cada párpado, cada brazo, cada musculo escépto tus piernas. El rugir del trueno inmediato las hace temblar hasta quebrarte de rodillas, ¿sentiste eso?. ¿Alguna vez caíste de rodillas ante alguien tan poderoso orinando tus pantalones?. ¿Sentiste que eras un alma gritando dentro de un cuerpo inerte que no emite sonido alguno?. Le pasó a mi mujer hoy pero ella cayo de rodillas ante un imbécil enfermo que no merece ni un centimetro de sus posesiones ni el minimo respiro que dé en este podrido mundo. ¿Te divertiste, no? Ella solo visitaba la aldea para enseñarles un oficio a las jovenes, a leer, a valerse por si mismas pero tú, tenias que terminar con sus buenos actos, no? Y solo porque cada persona de esa aldea era mucho mejor que cualquier de vosotros no querías que algun día, sean dueños de los que les pertenece.
-Perdóname, yo no sabía que era tu mujer lo juro
-No importa! No importa si es mi mujer o la de alguien más o de nadie, no tienes derecho a mutilar vidas inocentes y ahora vas a pagar por tus aberrantes cometidos, asesino.
-N no, por favor! Se lo ruego, tenga piedad.
-Ninguna persona que no aprecie la vida de alguién más la merece.
El hombre soltó la botella, le dio varios golpes en la cabeza, pateó su cuerpo agonizante, volvio a tomar la botella y corto su rostro en varias direcciónes. Luego lo arrastró hacia afuera, lo ató a un árbol con unas cuerdas que había guardado seguramente antes de entrar, junto a la puerta, lo empapó con alcohol y lo prendió fuego.
Recién en ese momento los compañeros de Charles y la gorda de la taberna corrieron a apagar las llamas pero ya era demasiado tarde. El sureño tomó su caballo y se alejó del lugar. Nunca más supieron de él
Las carcajadas devoraban el aire enviciado y repleto de humo. La tenueidad las volvía tan macabras como el ambiente, mientras destilaban alcohol por cada rincón del bar. Los porrones de cerveza chocaban bastante entre si, celebrando las hazañas realizadas por unos jóvenes británicos.
Hablaban de como habían asesinado campesinos y se habían apropiado de sus mujeres solo para impartir miedo y generar respeto en sus tierras. Creían ser tan dominantes y se enorgullecían de la cantidad de esposas e hijas que habían violado, derrochando su dinero como agua en la barra.
Una de las gordas dueñas de la taberna celebraba con ellos desnudando sus pechos para que los "ganadores" puedieran observarlos mientras les llenaba las copas. No faltaba demasiado para que los elogiados subieran por sexo a los cuartos para culminar su jornada bien satisfechos. No importaba si tenían mujeres esperandolos en sus casas o niños sufriendo pesadillas de madrugada.
De pronto, el crujir de la gruesa puerta de madera se robó todas las miradas. Un hombre alto y fornido, de aspecto desalineado pero con buenas ropas y mirada seria, entro al bar. Se sentó cerca de la barra, clavó sus ojos en la mesa e hizo un ademán con la mano para que le sirvieran cerveza. Los jovenes se habían detenido a observarlo en silencio, espectantes, intrigados por su prescencia hasta que uno de ellos dijo que el recién lllegado era otro propietario pero nuevo que venía del sur de Gran Bretaña a extender sus dominios. Solo ahí se aflojaron e intentaron invitarle el trago pero el hombre se negó pagando inmediatamente su bebida. Charles Crow, uno de los más osados e intrépidos burgueses, dueño de muchas hectáreas, no reparó en esto con más de un insulto dicho entre sus compañeros y siguió bebiendo y contando sus hazañas. El sureño se mantuvo absorto en su copa, silencioso y atento, escuchando cada risa y cada palabra.
Al poco tiempo ya estaban todos desparramados entre las mesas y la barra, de tan ebrios no podían ni mantenerse sentados. Solo el último en llegar se mantenía contra la silla, derecho. Charles estaba tan borracho que repetía las mismas anécdotas una y otra vez, agregandoles nuevos detalles a medida que las repetía. Entonces, comenzó a decir: esa zorra sabía tanto que hasta le enseñaba a leer a una de las pequeñas rameras de la aldea. Y se ve que fue una buena alumna porque entre las dos me la chuparon bastan.. Antes de que Crow terminara la frase, el sureño se le había abalanzado encima, empujando al suelo a sus compañeros, partiendo una botella por la mitad con un golpe y posándola sobre su cuello. A pesar de su ebreidad, Charles era consciente de que su vida estaba en manos de ese hombre y que ninguno de sus borrachos amigos podía ayudarlo. Entonces su raptor, apretando los dientes y su brazo izquierdo alrrededor de su garganta, le dijo:
-¿Alguna vez sentíste un relámpago?- Charles suplicaba por su vida, sin entender la pregunta. El hombre apretó aún más su brazo mientras lo tiraba y acorralaba en el piso. Nadie movia un solo dedo para ayduarlo, ni sus comapañeros, ni la dueña del bar. Todos, espectantes, observaban cada movimiento, como esperando a que lo matara y se vaya del lugar para poder irse a dormir. El sureño volvió a preguntar pero ahora impaciente, levantando la voz y golpeando la cabeza de Charles contra las mesas, paseandolo como a una bolsa.
-¿Sentiste o no un relámpago? Si! Un relámpago, no un trueno: ardiente de luz, ramificandosé por todos los rincones de tu estómago, paralizando de a poco cada labio, cada párpado, cada brazo, cada musculo escépto tus piernas. El rugir del trueno inmediato las hace temblar hasta quebrarte de rodillas, ¿sentiste eso?. ¿Alguna vez caíste de rodillas ante alguien tan poderoso orinando tus pantalones?. ¿Sentiste que eras un alma gritando dentro de un cuerpo inerte que no emite sonido alguno?. Le pasó a mi mujer hoy pero ella cayo de rodillas ante un imbécil enfermo que no merece ni un centimetro de sus posesiones ni el minimo respiro que dé en este podrido mundo. ¿Te divertiste, no? Ella solo visitaba la aldea para enseñarles un oficio a las jovenes, a leer, a valerse por si mismas pero tú, tenias que terminar con sus buenos actos, no? Y solo porque cada persona de esa aldea era mucho mejor que cualquier de vosotros no querías que algun día, sean dueños de los que les pertenece.
-Perdóname, yo no sabía que era tu mujer lo juro
-No importa! No importa si es mi mujer o la de alguien más o de nadie, no tienes derecho a mutilar vidas inocentes y ahora vas a pagar por tus aberrantes cometidos, asesino.
-N no, por favor! Se lo ruego, tenga piedad.
-Ninguna persona que no aprecie la vida de alguién más la merece.
El hombre soltó la botella, le dio varios golpes en la cabeza, pateó su cuerpo agonizante, volvio a tomar la botella y corto su rostro en varias direcciónes. Luego lo arrastró hacia afuera, lo ató a un árbol con unas cuerdas que había guardado seguramente antes de entrar, junto a la puerta, lo empapó con alcohol y lo prendió fuego.
Recién en ese momento los compañeros de Charles y la gorda de la taberna corrieron a apagar las llamas pero ya era demasiado tarde. El sureño tomó su caballo y se alejó del lugar. Nunca más supieron de él
martes, 19 de abril de 2011
Una loca venganza
Walter se había comprado zapatillas nuevas en colores beige, chocolate y con unas franjas celestes. Busco en el ropero aquella remera blanca con escote en v que le ajustaba los hombros, la puso sobre la cama junto a su jean preferido y fue a darse una ducha. Al salir del baño se puso desodorante, se vistió y bajo a comer con su familia. Una sonrisa autentica se dibujaba en su rostro: esa noche se encontraría con Julieta, su amor de la secundaria.
Habían estado de novios tres años, las circunstancias de la adolescencia los separaron pero luego de varios meses sin verse, ambos, sentían lo mismo que cuando decidieron estar juntos: un amor inmenso.
A las once de la noche recibe un mensaje de texto que decía "ya comí, me venís a buscar?". Se termino rápido lo poco que quedaba en su vaso y corrió a abrir la puerta de su casa. Salió a la calle y comenzó a caminar, cada paso que daba era un recuerdo vivo que se cruzaba por su cabeza, como si el tiempo no hubiese pasado, como si nunca hubiese dejado de caminar esas tres cuadras de distancia entre sus casas para verla. Estaba nervioso, sentía que paseaba a su perro, que bailaban bajo la lluvia, que se besaban cada cinco metros, como antes. Era como tenerla caminando a su lado, mirándolo fijamente y esperando sus ojos. Su último encuentro había sido hermoso: no dejaban de reír, de recordar las peleas tontas, los sueños compartidos, las anécdotas vergonzosas. No habían cambiado casi en nada, lo único diferente era que ahora podían reírse de las cosas que antes no los dejaban respirar.
Llegó a su puerta y la encontró abierta. Recordó que los padres de su ex novia irían al cine esa noche, como ella le había dicho, así que pensó que estaría esperándolo ansiosa en la sala de estar. No se molestó en llamarla al celular aún por las dudas de que su padre se hubiese olvidado las llaves de la cochera y estuviese por salir, entro con la confianza que se había ganado en su familia durante toda su relación. Walter la amaba y en casi todo momento, la había respetado mucho.
Cruzó el umbral de la casa, un golpe agudo en su estomago lo desconcertó al ver que todo estaba revuelto: los cajones del modular volteados en el piso, las sillas desplomadas en el suelo, cuadros rotos... Corrió a la habitación del fondo tropezándose, gritando "Julieta" y cayó de rodillas en la entrada: el cuerpo inmóvil de la mujer que amaba yacía junto a la cama rodeado por un charco de sangre. Se acercó, la tomó entre sus brazos y la apoyo junto a su pecho y ella, como si no quisiera, no respiraba. Walter se quebró en llanto, no podía creer todo lo que le habían arrebatado, todos los sueños que tuvo que tragarse como si fueran espinas desgarrando su garganta. Llamo a la policía y a una ambulancia que no pudo hacer más que transladarla muerta al hospital. No podía prestar declaración a los oficiales, estaba en shock. La mirada perdida y mojada regaba lastima por doquier. Supo que había perdido todo.
Lo transladaron a la comisaría donde se quedó toda la noche. Cuando al poco tiempo de su llegada entraron los padres de Julieta, la sala de estar se transformó en un circo de gritos, llantos, desmayos, intentos de golpes en el aire. Ellos le echaban la culpa, él no podía defenderse. El dolor no se lo permitía. Al salir en libertad, luego de varios intentos para que contara su versión de los hechos, fue acorralado por periodistas, micrófonos y cámaras. Su padre, que había ido a buscarlo, tuvo casi que arrastrarlo al auto y salir arando para poder escapar de los medios. Walter solo quería llegar a su casa, sentarse en su cama a observar una foto y dispararse en la cien.
Con los meses la justicia resolvió su inocencia, la chica había sido violada antes de que la mataran de ocho puñaladas y las muestras de ADN de Walter no coincidían con las que pudieron hallar en la escena del crimen. Al enterarse, se destruyó aún más. La madre de Julieta fue a pedirle discuplas, lo abrazo y empapo su hombro con lágrimas pero él nisiquiera pudo devolverle el abrazo. También anunciaron que de la casa no se robaron nada el día del asesinato, lo que inició la hipótesis de que el asesinato fuese algún tipo de venganza: el padre de la joven era un empresario poderoso y con mas de un enemigo.
Era demasiado, ¿quién podría haber sido capaz de cometer semejante atrocidad? ¿de violar y matar a la chica mas hermosa que él haya visto? Quería encontrar al culpable, torturarlo a él, al padre de Julieta, a la policía que no estuvo presente. En su mente florecían sonrisas y cuchillos atravesando algún cuerpo extraño, frases que volvían su historia única, deseos de venganza, de muerte, de acechar y mutilar a quien haya sido pero hacerlo!. Una y otra vez usaba su puño como una daga contra las paredes, la cama, el piso. Enhebraba una idea tras otra: ¿habría sido un amigo de su padre, un enemigo? ¿un ladrón? ¿un amante que ella haya tenido? ¿Y su amigo? O ese que decía ser su amigo más íntimo. Tal vez la había amado desde siempre y se cansó de que ella nunca le de una oportunidad. O tal vez un vecino enfermo trastornado y enviciado por su belleza. O su hermano, por no prestarle la moto para salir, o algún político que quiso abusar de su poder, o un primo, o una amiga celosa con otro chico ayudándola. Quizás hasta podía haber sido el mismo, atravesando un estado de inconsciencia absoluta claro, o no.. Pensaba y pensaba: ojos verdes y cabellos claros, perfume delicado (no podía arrancar las imágenes que corrían en su mente) muerte, vacío, la piel mas suave que pudo acariciar, arrebato, impotencia, dolor, ojos verdes y cabellos claros, largos y lacios, la chica mas linda que pudo besar. Venganza, dolor, sangre manchando la alfombra, una mirada sin vida, manos frías, una risa única, un asesino suelto, alguien que se ríe a sus espaldas mientras el no hace otra cosa que morder toda su angustia a cada segundo, todos los sueños aniquilados, dolor, muerte, dolor, Juelieta... El universo entero escurriéndose por una herida de puñalada y cayendo a un pozo sin fondo. Julieta...
Un manojo de zombis caminado en círculos, todos siguen una dirección propia. Visten de blanco con largas batas. Un parque verde, soleado. Muros grises acorralando a estas almas perdidas y encontradas a su manera. Algunos no caminan, se tambalean en un mismo sitio hacia adelante y hacia atrás. Otros conversan entre si consigo mismos, sentados en bancos de madera. Walter habla solo, solo con Julieta. Le dice que su pelo es hermoso, que lo deje tocar su piel que es la más suave que jamás podría acariciar. Le pide que lo perdone por engañarla con su mejor amiga, que por favor lo perdone porque no puede vivir sin ella. Walter inventa cada noche otra historia para no aceptar la realidad. Ya no usaba sus zapatillas beige ni su remera con escote en v ni su jean preferido...
Julieta y el mejor amigo de Walter se ríen en otra ciudad.
Habían estado de novios tres años, las circunstancias de la adolescencia los separaron pero luego de varios meses sin verse, ambos, sentían lo mismo que cuando decidieron estar juntos: un amor inmenso.
A las once de la noche recibe un mensaje de texto que decía "ya comí, me venís a buscar?". Se termino rápido lo poco que quedaba en su vaso y corrió a abrir la puerta de su casa. Salió a la calle y comenzó a caminar, cada paso que daba era un recuerdo vivo que se cruzaba por su cabeza, como si el tiempo no hubiese pasado, como si nunca hubiese dejado de caminar esas tres cuadras de distancia entre sus casas para verla. Estaba nervioso, sentía que paseaba a su perro, que bailaban bajo la lluvia, que se besaban cada cinco metros, como antes. Era como tenerla caminando a su lado, mirándolo fijamente y esperando sus ojos. Su último encuentro había sido hermoso: no dejaban de reír, de recordar las peleas tontas, los sueños compartidos, las anécdotas vergonzosas. No habían cambiado casi en nada, lo único diferente era que ahora podían reírse de las cosas que antes no los dejaban respirar.
Llegó a su puerta y la encontró abierta. Recordó que los padres de su ex novia irían al cine esa noche, como ella le había dicho, así que pensó que estaría esperándolo ansiosa en la sala de estar. No se molestó en llamarla al celular aún por las dudas de que su padre se hubiese olvidado las llaves de la cochera y estuviese por salir, entro con la confianza que se había ganado en su familia durante toda su relación. Walter la amaba y en casi todo momento, la había respetado mucho.
Cruzó el umbral de la casa, un golpe agudo en su estomago lo desconcertó al ver que todo estaba revuelto: los cajones del modular volteados en el piso, las sillas desplomadas en el suelo, cuadros rotos... Corrió a la habitación del fondo tropezándose, gritando "Julieta" y cayó de rodillas en la entrada: el cuerpo inmóvil de la mujer que amaba yacía junto a la cama rodeado por un charco de sangre. Se acercó, la tomó entre sus brazos y la apoyo junto a su pecho y ella, como si no quisiera, no respiraba. Walter se quebró en llanto, no podía creer todo lo que le habían arrebatado, todos los sueños que tuvo que tragarse como si fueran espinas desgarrando su garganta. Llamo a la policía y a una ambulancia que no pudo hacer más que transladarla muerta al hospital. No podía prestar declaración a los oficiales, estaba en shock. La mirada perdida y mojada regaba lastima por doquier. Supo que había perdido todo.
Lo transladaron a la comisaría donde se quedó toda la noche. Cuando al poco tiempo de su llegada entraron los padres de Julieta, la sala de estar se transformó en un circo de gritos, llantos, desmayos, intentos de golpes en el aire. Ellos le echaban la culpa, él no podía defenderse. El dolor no se lo permitía. Al salir en libertad, luego de varios intentos para que contara su versión de los hechos, fue acorralado por periodistas, micrófonos y cámaras. Su padre, que había ido a buscarlo, tuvo casi que arrastrarlo al auto y salir arando para poder escapar de los medios. Walter solo quería llegar a su casa, sentarse en su cama a observar una foto y dispararse en la cien.
Con los meses la justicia resolvió su inocencia, la chica había sido violada antes de que la mataran de ocho puñaladas y las muestras de ADN de Walter no coincidían con las que pudieron hallar en la escena del crimen. Al enterarse, se destruyó aún más. La madre de Julieta fue a pedirle discuplas, lo abrazo y empapo su hombro con lágrimas pero él nisiquiera pudo devolverle el abrazo. También anunciaron que de la casa no se robaron nada el día del asesinato, lo que inició la hipótesis de que el asesinato fuese algún tipo de venganza: el padre de la joven era un empresario poderoso y con mas de un enemigo.
Era demasiado, ¿quién podría haber sido capaz de cometer semejante atrocidad? ¿de violar y matar a la chica mas hermosa que él haya visto? Quería encontrar al culpable, torturarlo a él, al padre de Julieta, a la policía que no estuvo presente. En su mente florecían sonrisas y cuchillos atravesando algún cuerpo extraño, frases que volvían su historia única, deseos de venganza, de muerte, de acechar y mutilar a quien haya sido pero hacerlo!. Una y otra vez usaba su puño como una daga contra las paredes, la cama, el piso. Enhebraba una idea tras otra: ¿habría sido un amigo de su padre, un enemigo? ¿un ladrón? ¿un amante que ella haya tenido? ¿Y su amigo? O ese que decía ser su amigo más íntimo. Tal vez la había amado desde siempre y se cansó de que ella nunca le de una oportunidad. O tal vez un vecino enfermo trastornado y enviciado por su belleza. O su hermano, por no prestarle la moto para salir, o algún político que quiso abusar de su poder, o un primo, o una amiga celosa con otro chico ayudándola. Quizás hasta podía haber sido el mismo, atravesando un estado de inconsciencia absoluta claro, o no.. Pensaba y pensaba: ojos verdes y cabellos claros, perfume delicado (no podía arrancar las imágenes que corrían en su mente) muerte, vacío, la piel mas suave que pudo acariciar, arrebato, impotencia, dolor, ojos verdes y cabellos claros, largos y lacios, la chica mas linda que pudo besar. Venganza, dolor, sangre manchando la alfombra, una mirada sin vida, manos frías, una risa única, un asesino suelto, alguien que se ríe a sus espaldas mientras el no hace otra cosa que morder toda su angustia a cada segundo, todos los sueños aniquilados, dolor, muerte, dolor, Juelieta... El universo entero escurriéndose por una herida de puñalada y cayendo a un pozo sin fondo. Julieta...
Un manojo de zombis caminado en círculos, todos siguen una dirección propia. Visten de blanco con largas batas. Un parque verde, soleado. Muros grises acorralando a estas almas perdidas y encontradas a su manera. Algunos no caminan, se tambalean en un mismo sitio hacia adelante y hacia atrás. Otros conversan entre si consigo mismos, sentados en bancos de madera. Walter habla solo, solo con Julieta. Le dice que su pelo es hermoso, que lo deje tocar su piel que es la más suave que jamás podría acariciar. Le pide que lo perdone por engañarla con su mejor amiga, que por favor lo perdone porque no puede vivir sin ella. Walter inventa cada noche otra historia para no aceptar la realidad. Ya no usaba sus zapatillas beige ni su remera con escote en v ni su jean preferido...
Julieta y el mejor amigo de Walter se ríen en otra ciudad.
domingo, 10 de abril de 2011
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