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¿Viste cuando te arrancan un pedazo de tu cabeza en lugar de robar uno de tu corazón?  Por supuesto que al segundo no lo pude tocar cualquiera pero el primero es como el nene que quiere meter los dedos en el enchufe: los padres no lo dejan pero el insiste insiste hasta que le da una terrible patada y no jode más.

Maldigo a los niños y su curiosidad, maldigo la generosidad de ser grande. 
Con un pedazo de cabeza menos uno no suele pensar muy bien...

No les miento, no sentía amor. 
Ternura, cariño,
Pelotudeo constante
Pero amor no, eso es otra cosa.
Lo único que quise fue que me devolvieran un poco de todo lo que había dejado 
Así, como un borracho gastando dinero en un bar.
Solo conseguí vergüenza y mucho alcohol. 
Vergüenza de mi misma, si.
De golpe descubrí que era una muy buena mujer y que estaba sensible y sola, como desde hace tiempo, pero sensible como hace mucho.
Terriblemente sola y con ganas de que alguien nuevo me quiera.
Alguien a quien yo pueda querer.

Creí que había un personaje al que podía desenmascarar.
Arrebatarle su disfraz.
Darle una mano.
Me equivoqué:
No era un personaje, 
Siempre fue un mal tipo
Pero su locura me confundió.
Yo no lo quería para mi
No soy como las demás, no.
No ando persiguiendo nada.
Yo solo quería que me viera diferente,
Un problema mio en realidad:
Necesitaba sentirme realizada a través de otro.
Arrebatarle su disfraz,
Darle una mano,
Hacer el bien para recibir lo mismo:
Un abrazo
Una risa
Un, "que te vaya bien, te lo mereces.."
Pero no todos valen la pena.

No le deseo el mal a nadie y no me gasto más
Donde no puedo hacerlo.
Hace días que no siento hambre mas de una vez
Y que con un solo atado de cigarrillos no me alcanza.
Volví a las tardes enteras en la cama, sin querer levantarme.
Mis amigos me preguntan si es por un boludo
Y yo les digo que no,
Que es la soledad otra vez
Y ese cansancio de tener que arrastrarla afuera siempre sola.
Porque siempre en algún momento se va
Pero pocas veces, acompañada.
Yo no le echo la culpa al boludo.
Son esas ganas mías de sentir algo siempre,
Lo que sea.
Aunque a veces no quiera sentirlo.
Amor, tristeza, felicidad.
Nunca estoy quieta.
Fueron esas ganas mías de querer conversarlo todo
Y no quedarme con nada adentro.
De dar un abrazo sincero,
De decir un te quiero pero no te quiero conmigo
Pero quiero que estés bien.
Boludeses, boludos, palabras sin importancia
Un grado considerable de locura
Y gente rara que se cruza y descruza porque sí.
Debe haber mucha gente rara
Y sin embargo, no puedo encontrar a mi raro.

Igual, estoy bien.
Siempre escribir me descarga, 
Siempre decir, decirse
Y ser sincero con el resto y con uno.
Ya aprendí que hay gente a la que no le importa escuchar.
Son sordos y bueno,
Yo soy una ciega así que 
No me puedo quejar
Pero si,
Acordarme siempre,
De que mañana es mejor.

Buenas noches, 
Ba bay









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Estar al borde, a un paso, del vacío. Sobre una cuerda floja, esquivando misiles que se precipitan a embestirnos con sus volúmenes en cursiva e imprenta; antecedidos y seguidos, siempre, por aquellos garabatos que simbolizan su inmensa finalidad. Una tras otra, las preguntas luchan por arrojarnos de un lado u otro de la cuerda, hacia una dirección u otra hasta que la más acertada e inteligente de todas logra desvanecernos a la certeza de una sola y firme respuesta.

Ella y su beso del diablo

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Siempre esperando llegar,
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Maldigo …

Bailemos Rock

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Si hay un amor infinito
Solo el tiempo lo descubrirá
Mientras tanto bailemos y sigamos esperando
A quien luego no se vaya con el primer amanecer.

El violero sin rostro me arranco la soledad
De un salto y a sus pies me encuentro ya
Bailemos rock esta noche…

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Alguna vez me encontré en la cima de uno de los reinados más extensos de este mundo, el de la gran cordillera que se pierde al sur y posee los cuatro climas. Eran otros tiempos. Clavé mi fal e incrusté mis balas en más de mil cuerpos defendiendo mi puesto y a mis hombres. Mi ego se bañaba en la sangre del enemigo, mi codicia se alimentaba de la fortuna de los otros hasta hacer de ellos pobres mendigos. Sentí la gloria al ver los rostros de quienes nos temían y admiraban a la vez. Tuve maestros que me enseñaron, más que a sobrevivir, a pelear por honor. De a poco formé parte una alianza de increíbles caballeros de distintas virtudes que me fueron fieles hasta el último momento, cuando sus gargantas ya no desterraron la desesperanza del último campo de batalla con su grito de guerra. Mi mayor sentimiento de gratitud por haber peleado codo a codo con ellos. Estuvimos tan cerca de ser los mejores, invencibles, inolvidables, dueños de lo que siempre fue nuestro; pero muchos cayeron en las …