En lo de Mildred Jhones

En lo de Mildred Jones

Serpientes de pluma de todos los colores
Se paseaban por el lugar.
Engreidas, altivas,
Enrroscadas en redondos cuellos
Que bailaban al compás.
Las señoras espeluznantes
Con sus vestidos de raso y chifón
Con sus encajes negros
Ahorcando las cinturas
Brotando carcajadas de sangre
Detras de los labios entre rojo y bordó.

Ellas bailaban,
Reian,
Fumaban,
Detrás de negros antifaces,
Cubriendo sus manos con guantes.
Las medias de red
Les estrujaban las piernas
Y los zapatos,
A punto de explotar,
Gritaban en la fiesta.

Pero las señoras impactantes
Se reian
Y solo con ellas y no de ellas
Reian sus invitados.
Prestigiosos hombres de la aristocracia
Se veian tan sobrios
Y en lo obvio
Tan farsantes.

Bailaron y rieron
La servidumbre les mantuvo llenas las copas
Bebieron y fumaron
Abastecidos por la plebe todo el tiempo

Y es que en lo de Mildred Jones
Todas las fiestas eran de adular
Las señoras se pavoneaban
Y los hombres
No dejaban de halagar
Los ricos se divertían
Y los sirvientes eran humillados por demás.

Hubo una niña, una lampará en el oceano de fuego
Una joven, bella sirvienta
Que disfrazaba su vientre al recelo.
Camino apurada, manteniendo las copas llenas
Hasta que en un descuido
Se topó fuerte con Mildred Jhones
Y la gigante la empujo.

De su cabeza sangre brotó
Pirmero como un hilo leugo en forma de rio
La sangre a todos los zapatos les ensuciaba
Y luego hasta sus rodillas llegaba.

Las puertas y ventanas estaban trabadas
Nadie podía salir de allí.
Gritos y corridas
Empujones y patadas.
Las mujeres se trepaban a los hombres
Y ni ellos en el oceano nadaban.
La lampara de aquella chica
Se tragó todas las risas de la velada.

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